Thursday, August 10, 2006

¿ Qué es una crónica?

"La crónica es, en esencia, una información interpretativa y valorativa de los hechos noticiosos, actuales o actualizados, donde se narra algo al propio tiempo que se juzga lo narrado" (Martín Vivaldi, 1987, p. 123).


La etimología de la palabra propone una idea de la crónica como el relato de los hechos tal como sucedieron por orden cronológico. Esta definición no está mal, es cierta, pero es insuficiente. Sobre todo en periodismo. En la crónica periodística esa sería sólo una de las características.
El primer modo de utilizar la crónica –género exclusivo de las lenguas derivadas del latín—fue para realizar relatos históricos, por su interesante narrativa. Posteriormente fue el modelo casi excluyente a la hora de relatar los viajes de exploración de los navegantes europeos en sus conquistas en el nuevo mundo. Finalmente, el periodismo se apropia de este género para recrear con características propias del oficio un género difícil de definir y de escribir, como es la crónica periodística.
¿Cuál es la diferencia sustancial entre la noticia y la crónica? Si bien es complejo definir la crónica periodística y sus características -- no por falta de elementos sino por su gran riqueza-- , se pueden diferenciar de modo básico en que la noticia es el relato inmediato y despojado de los hechos, cuyo valor radica en estas dos características, de modo prioritario.
En cambio, en la crónica puede mediar un tiempo—reducido-- entre lo ocurrido y la publicación y la riqueza de su corpus radica en la subjetividad que le otorga con su pluma quien la escribe.
La crónica es, en esencia, información. Puede interpretarse como la integración de los demás subgéneros periodísticos en pos del relato de un hecho pasado; pero renovado y pleno de detalles, dado que el periodista lo retoma, lo interpreta, lo interpela y lo recrea bajo la influencia de su mirada.
El periodismo se apropia de este género para permitirle al periodista competir con la noticia en el protagonismo, y aportar un estilo personal que embellezca la escritura al riesgo de fusionar la redacción periodística con un texto literario.
Si en la redacción de una noticia el periodista debe escatimar cualquier rasgo de subjetividad y atenerse de modo casi excluyente a la ausencia de un toque personal, por el contrario en la crónica es el periodista quien con su pluma decide el recorte que realizará en la noticia que cuenta, los detalles que elige para relatarla y, en definitiva, el sello que le imponga.
Debido a que los medios audiovisuales son más rápidos en la transmisión de información que los editados en papel, la crónica periodística impresa se centra más en dar respuesta al porqué y al cómo sobrevino el hecho seleccionado que ha ofrecer novedades sobre lo ocurrido, ya que esta última necesidad ya está satisfecha por otros canales.
La interpretación de un hecho es lo que da sentido a la crónica. Allí el periodista se involucra, recorta y selecciona impresiones y le permite al lector sumergirse en el hecho que se relata y compartir, de algún modo, impresiones.
A diferencia de la noticia, en la que poco cuenta la toma de posición del lector, en la crónica es imprescindible una complicidad entre quien escribe y éste.
Si en literatura es necesaria la existencia de un pacto ficcional, en periodismo, para que la crónica exista como tal, debe existir una suerte de relación de confianza entre el periodista y el lector.
Quien firma no sólo informa quién realizó la crónica, establece una relación de credibilidad en la que se ve obligado a dar consistencia y coherencia a los materiales narrativos. El lector confía en que revele y manifieste el sentido de los hechos, porque gracias a su experiencia personal, literaria, histórica, periodística. El lector considera que quien firma es la persona pertinente para cumplir con éxito la función de comunicar.
En pos de esta relación de confianza, el cronista siempre firma sus escritos, como modo de compromiso y vínculo con el lector.
El autor de la crónica deberá transformarse, entonces, en un artesano de la noticia, que elegirá los hechos que considere relevantes, los testimonios –en caso de que los incluya—y los detalles de color que le permitan al lector sumergirse en la crónica informándose sin aburrirse y a la vez sintiéndose parte del relato.
No existe una única manera de escribir una crónica. Dado que depende del estilo del escritor, es posible encontrar tantas posibles maneras de relato como cronistas existan. Lo seguro es que:
Se organizará acorde con el transcurso de los hechos.
Será un relato informativo.
Estará marcada por la subjetividad.
Tendrá una impronta literaria.
Estará firmada

A continuación, les presentamos un texto de Gabriel García Márquez. En un encuentro de escritores, el gabo descolló con esta narración para ejemplificar la diferencia entre lo que contaba y cómo quedaría escrito.
Nos pareció muy valioso como estructura a utilizar para redactar una crónica.em>
Que lo disfruten.
" Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:
-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.
Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:
-Te apuesto un peso a que no la haces.
Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:
-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:
-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
-¿Y por qué es un tonto?
-Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo. Entonces le dice su madre:-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.
La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:
-Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.
El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:
-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.
Entonces la vieja responde:
-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.
Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:
-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)
-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.
-Sí, pero no tanto calor como ahora.
Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:
-Hay un pajarito en la plaza.
Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.
-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
-Sí, pero nunca a esta hora.
Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:
-Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.
Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.
Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:
-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.
Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:
-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca".

3 Comments:

At 11:32 AM, Blogger gustavo patri said...

Les envío (tarde, muy tarde) la crónica por aquí porque lágina de gmail palmó. Espero que llegue
Saludos y Gracias

¡Cuidado! Tienen razón


A veces tenemos razón y el otro no lo entiende. O tener razón es una equivocación. El conflicto entre Israel y Líbano o más precisamente Hezbollah puede ser un interesante y cruel ejemplo.
Sabemos que el doce de julio el grupo terrorista Hezbollah mata a tres soldados israelíes y secuestra a otros dos. Israel, con razón, declara que no permitirá el secuestro de dos de sus soldados y que responderá a este acto.
Así se inicia el último nuevo conflicto en Medio Oriente.
El 16 de julio, tropas invasoras de Israel avanzan sobre el sur de Líbano. Ese mismo día estas tropas matan a 23 libaneses, civiles, en Tiro. Los gobierno libanés comienzan a evacuar a su población hacia Chipre y Siria, y, con razón, toman rápidamente represalias por estos nuevos muertos.
Los terroristas del sur de Líbano matan a 8 israelíes en la ciudad de Haifa. Ya estamos en plena discusión dialéctica.
En viernes 25, en un acto demencial, el gobierno imperialista de Israel ataca, a pesar de las advertencias, un cuartel de la ONU en Khiam y mata a cuatro funcionarios del organismo. Esto sí que no debe quedar así.
En los días siguientes se suceden los muertos libaneses e israelíes, muchos son civiles, otros militares. Los gobiernos de mundo piensan terminar con esta guerra. Israel y Líbano también. Todos tienen razón.
Como paso previo a la firma de una tregua, Israel bombardea Qana y mata 54 libaneses. Algunos fanáticos, el resto civiles. 34 niños, el resto no.
Israel lamenta los accidentes y culpa a los fundamentalistas árabes por ocultarse entre los civiles. Tiene razón. De esta manera no se puede hacer la guerra para llegar a la paz.
En los días siguientes se suceden los muertos libaneses e israelíes.
Una semana más tarde, Hezbollah se defiende con una lluvia de misiles y mata a 12 reservistas en Kfar Giladi. Además mata 3 civiles en Haifa.
Al día siguiente, militares israelíes bombardean zonas de Beirut y matan a 41 libaneses, y para aclarar quien tiene razón, setenta en el resto del país
Los datos no están confirmados pero se cree que ya han muerto 1100 libaneses y 120 israelíes.
No cabe duda de quien tiene razón. ¿No cabe duda de quien tiene razón? El secuestro de dos soldados israelíes terminó apenas con unos 1300 muertos.
Pero por suerte hay quienes tienen razones más grandes. Países como Francia y EE. UU. Contemplan “lo antes posible” un cese de hostilidades y el progresivo retiro de los invasores israelíes del sur de Líbano, el control de las acciones del Partido de Dios (Hezbollah). También, y en esto todos están de acuerdo, la entrada de una fuerza de la ONU y otra de Líbano en la región.
El cese el fuego fue aceptado pero, con razón, los ataques continúan. Por las dudas.

Gustavo Patri
Desde la comodidad de mi casa.

 
At 4:42 PM, Blogger Hernando Salguero Flórez said...

...Qué tarde que es, refunfuñó la anciana mientras rebullía con una cuchara de palo tan vieja como ella la sopa. Estaba enfrente de una hornilla hecha con barro, de esas antiguas que ya no se encuentran sino en casitas de campo. Encima del fogon hay otra olla, ésta está llena de arroz.
Llega un jóven, lucía de unos 24 años, aunque el mechón de cabello negro que caía sobre la frente no dejaba verle bien la cara, empero su porte era de un muchacho. Sí..., de esos que andan con un azadón encima del hombro, después de trabajar todo el día.
-Mamá -exclamó como afanado, tengo hambre. ¿Ya está la comida?
- Primero lávese esas manos, qué cochinas que están.
Da mediavuelta el muchacho, abre la llave del lavadero que está cerca de la cocina, se refriega las manos con jabón de lavar la ropa.
-Ya me las lavé. ahora sí sírvame la comida.Tengo hambre. Apúrele mamá.
-¿Se va a esperar, sí o no?
Intempestivamente entran seis vecinas.
-Es mejor llegar a horas que ser invitado, dijo en voz alta una de ellas.
-Hay comida para todas, gritó alborozada la anciana.
Las mujeres se sentaron a la mesa y comenzaron a tomarse la sopa y a engullir el arroz, hablaban como loras mientras disfrutaban de la cena.
En tanto, el muchacho permanecía recostado en el umbral de la puerta que da acceso a la cocina
Terminada la comida, las invitadas se fueron. Volvió el muchacho a sentarse en la mesa.
La anciana atisbó con cuidado las ollas, en su interior no había ni sopa ni arroz.
--Ay, mijito ellas se comieron todo.
--¿Y mi comida, mamá?
-Espérese hasta mañana al desayuno, me voy a dormir tengo sueño.
Apagó la leña que ardía en la hornilla, lavó las ollas y sin musitar una palabra pasó por el lado del muchacho que bostezaba y bostezaba de hambre...
HERNANDO SALGUERO FLOREZ-PERIODISTA COLOMBIANO.

 
At 9:26 PM, Blogger villanueva said...

Muy orginal me encanto

 

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